El ABP es una metodología
centrada en el
aprendizaje, en la investigación y reflexión que siguen los
alumnos para llegar a una solución ante un problema
planteado por el profesor.
Generalmente, dentro del proceso educativo, el
docente explica una parte de la materia y, seguidamente,
propone a los alumnos una actividad de aplicación de dichos
contenidos. Sin embargo, el ABP se plantea como medio
para que los estudiantes adquieran esos conocimientos y los
apliquen para solucionar un problema real o ficticio, sin que
el docente utilice la lección magistral u otro método para
transmitir ese temario.
Como paso previo a la planificación y utilización del ABP se deben tener en
cuenta dos aspectos fundamentales:
o Que los
conocimientos de los que ya disponen los alumnos son
suficientes y les ayudarán a construir los nuevos
aprendizajes que se
propondrán en el problema.
o Que el contexto y
el entorno favorezca el trabajo autónomo
y en
equipo que los alumnos llevarán a cabo (comunicación con
docentes,
acceso a fuentes de información, espacios suficientes, etc.)
En la planificación de la sesión de ABP es necesario:
Seleccionar los objetivos que,
enmarcados dentro de
las competencias
establecidas en la materia,
pretendemos que los alumnos logren con la actividad.
Escoger la situación problema
sobre la que los
alumnos tendrán que trabajar. Para ello el contenido
debe:
¾ Ser relevante para la práctica profesional de los
alumnos.
¾ Ser lo suficientemente complejo (pero no
imposible) para que suponga un reto para los
estudiantes. De esta manera su motivación
aumentará y también la necesidad de probarse a
sí mismos para orientar adecuadamente la tarea.
¾ Ser lo suficientemente amplio para que los
alumnos puedan formularse preguntas y abordar
la problemática con una visión de conjunto, pero
sin que esta amplitud llegue a desmotivarles o
crearles ansiedad.
Orientar las reglas de la
actividad y el trabajo en equipo. Sabemos que, en
ocasiones, trabajar en grupo puede crear tensiones, malestar
entre los
miembros, descoordinación, etc. Estos conflictos dentro de
los grupos
suelen ser beneficiosos para el crecimiento del grupo, si se
solucionan
adecuadamente. Para que estos problemas, cuando surjan, no
entorpezcan
demasiado el trabajo de los equipos, el docente puede
proponer el reparto
de roles dentro de los grupos. El coordinador, gestor de
tiempos,
moderador, etc. pueden ser algunos ejemplos. Todos los
estudiantes,
aparte de desempeñar estos roles, deben participar
activamente en el
trabajo común.
Establecer un tiempo y especificarlo para que los alumnos
resuelvan el
problema y puedan organizarse. El tiempo puede abarcar
determinadas
horas, días e incluso semanas, dependiendo del alcance del
problema. No
se recomienda que el tiempo dedicado al problema sea
excesivamente
extenso ya que los alumnos pueden desmotivarse. También se
pueden
seleccionar los momentos en los que los alumnos estarán en
el aula
trabajando y aquellos en los que no necesitarán (si no lo
desean) estar en
la clase.
Organizar sesiones de tutoría
donde los alumnos (a nivel individual y
grupal) puedan consultar con el tutor sus dudas, sus
incertidumbres, sus
logros, sus cuestiones, etc. Este espacio ofrece al tutor la
posibilidad de
conocer de primera mano cómo avanza la actividad y podrá
orientarles,
animarles a que continúen investigando, etc. Las tutorías
constituyen una
magnífica oportunidad para intercambiar ideas, exponer las
dificultades y
los avances en la resolución del problema.